viernes, 21 de junio de 2013

Conversaciones con Luis Mery, charanguista serenense (Parte I)

 
 
 

Luis Mery Castro (La Serena, 1967) es un destacado músico y docente. Lo conocimos en 2012 en Valparaíso, durante el Festival Internacional Charangos del Mundo. Hoy Luis nos recibe en su casa de Coquimbo (capital de la IV Región chilena), donde conversamos ampliamente sobre diferentes temas relacionados con su labor artística.
A diferencia de lo que aconteció en otros países de la región, en Chile el charango alcanzó su máxima difusión a través de composiciones de raíz urbana ¿Qué opinas sobre este tema? ¿Estás de acuerdo con esta aseveración?
De hecho, aquí al charango le decimos “charango citadino”. Yo siento que aquí en Chile el charango no tiene directamente el vínculo con la tierra, sí con la ideología, con el pensamiento. Por ende, se vincula principalmente con una ideología, en este caso la ideología de la Nueva Canción Chilena, donde surgen estos movimientos y los temas que hasta hoy día los tenemos presentes: la desigualdad social, la problemática de la educación, todos esos elementos que son temas de ciudad. Aquí es donde aparece el charango “seguidito” del pueblo, enraizándose en esas propuestas. Es el charango citadino como tú lo señalas, un canto urbano cuyo referente son los Inti-Illimani. No puede desconocerse en Chile la influencia que ha tenido Horacio Durán en la música de charango. O vemos lo que pasa con Héctor Soto, otro de los referentes del charango en nuestro país. Por supuesto, tenemos otros intérpretes más actuales, pero si vamos a los orígenes, puedo aseverar que siempre ha estado ese vínculo con lo urbano.
Horacio Durán


En tu primer CD “Los sonidos de los charangos” (2008) podemos disfrutar de una obra artística y didáctica, ya que utilizas diferentes charangos en composiciones propias y de otros autores ¿Cómo ha sido concebida esa obra? ¿Qué repercusiones ha tenido el disco?
Fue concebido a partir de mostrar unas sonoridades de diferentes tipos de charangos presentes en América Latina. Algunos consideran que el charango puede ser boliviano, otros que es peruano. Para mí, personalmente, el charango es latinoamericano y se encuentra vivo en diferentes ciudades y países. Tenemos en Perú el charango ayacuchano, el kalampeador, tenemos variedades regionales en Bolivia y un charango argentino muy tocado, muy utilizado allá. Y aquí en Chile tenemos, como estábamos hablando, un charango de ciudad, con una técnica un poco más estilizada quizás. Por ello, porque existen distintos charangos con sonoridades distintas, el disco se llama “Los sonidos de los charangos” y no “El sonido del charango”. Y dentro de lo que era mi vivencia con el charango, lo que había podido conocer o aprender del charango hasta ese minuto, es lo que pude plasmar en el disco. Hay unos arreglos de una obra de Bach (Invención en La menor), eso lo hice yo por el vínculo con la guitarra clásica que había estudiado tantos años, y quedó bastante bueno.

 
Luis Mery junto a integrantes del grupo Amaru de Tinta
(Valparaíso, 2012)
Hay un título que llama la atención: “Villa Grimaldi”, tristemente célebre centro de detención de la dictadura militar, hoy reconvertido en Parque por la Paz. Cuéntanos tus motivaciones para realizar una composición acerca de este sitio.
Había fallecido la mamá de mi amigo Antonio Moreno. Yo estaba en Maitencillo, a unas dos horas de Santiago. Me contactaron para avisarme la noticia y fui. Me levanté temprano, a las siete de la mañana, y a las diez estaba en Santiago. Fuimos al funeral y luego nos juntamos varios amigos. Nos quedaban unas horas libres en la capital. El ómnibus partía a las nueve de la noche, por lo que faltaban unas dos horas. Ya habíamos pasado penas y dijimos: “bueno, sigamos pasando penas”, y fuimos a conocer Villa Grimaldi. Fue tanto el impacto de haber estado en ese lugar… La misma gente que hace el recorrido por la zona es la misma que ha estado detenida en ese lugar. Hay marcas en donde tú te puedes sentar: allí ha estado sentada gente esperando pasar a la pieza donde la iban a torturar. Te contaban lo que había pasado y no podías dejar de sentir lo que había pasado muchísima gente en ese predio. Tiene una carga de emociones muy grande, muy fuerte. Esto sumado a la pena por la mamá de mi amigo me inspiró este tema, que comienza con un arpegio, una reflexión sobre ellos, y a ello se le van sumando otras sonoridades que después termina en un grito contenido: “cha, cha, chan”, “cha,cha, chan”. Una sonoridad fuerte que después pasa a una melodía, como una alegría que se fue este tirano que mató tanta gente…y viene el reencuentro con nuestra gente. Fue una experiencia de vida fielmente reflejada en el sonido. Creo que “Villa Grimaldi” refleja muy bien el sentido que tuve en ese viaje.
 
En abril de 2012 has podido compartir con músicos latinoamericanos la experiencia del Festival Internacional Charangos del Mundo, realizado por primera vez en Chile. Cuéntanos tus impresiones sobre este evento.
Yo me quedé muy gratamente sorprendido porque conocía el charango boliviano, el charango peruano, pero no conocía esta experiencia del charango argentino. Y tuve la oportunidad de compartir con mucha gente que venía de Argentina, que tocaba. Había un chiquillo que bailaba, Alejandro Varela, quien me sorprendió con su charango, con una “musicación rara” que traía. Lo encontré muy bueno, me sentí muy grato. Respecto a haber compartido con gente del mundo del charango, ya había tenido tres o cuatro experiencias, pero lo novedoso fue haber escuchado a artistas como Ramón Álvarez, quien cantó la famosa “Santiago querido”. Y además haber conocido a unos chiquillos muy agradables, como los luthiers que llegaron de allá, gente con la que hasta hoy nos contactamos, nos saludamos. Me acuerdo también de Eloy Vázquez con su quena, gente muy agradable. A  la mayoría de los charanguistas de Chile, y más específicamente de Valparaíso, los conocía porque habíamos compartido algunas experiencias. En general la experiencia fue muy buena. Estoy esperando que crezcan un poco más mis hijos para volver a “desaparecerme” de mi casa por una semana… (risas)
 

Alejandro Varela
 
Ramón Álvarez
 
Eloy Vázquez
A finales del año pasado apareció tu segundo CD “Composiciones para charango”, presentada en toda la región de Coquimbo. ¿Han surgido posibilidades de presentarla también en el exterior?
Siempre intenciones hay, y propuestas, lo que pasa es que de la propuesta al hecho a veces se truncan las cosas. Especialmente por el tema de los recursos: nosotros somos siete músicos y eso no es fácil. En la sociedad chilena todo es caro: tú quieres trasladarte de un lugar a otro y, hablando de pasajes de ómnibus para todas estas personas, estamos hablando de doscientas lucas (unos 400 dólares), súmale a eso alojamiento, comida, a no ser que surja una invitación de una institución. Ahora, fuera del país es un poco más complejo. Se suele invitar a los consagrados y no a los que de a poco se van haciendo el camino. Yo siento que aún estoy en esa línea. No me siento consagrado, sí tengo un prestigio, un conocimiento, harta gente que escucha y conoce mi trabajo, pero ahí estoy, pues. Si nos llaman, convoco a mis músicos y ahí vamos, armamos el concierto. Ya hemos dado diez o doce conciertos; nos juntamos y ensayamos acá (en su casa) y “armamos el cuento”… Queremos seguir trabajando y proyectando la labor, no nos quedamos así… El primer disco tuvo poca difusión, pero en esta nueva propuesta quiero involucrar mucha música del primer disco. Este nuevo disco lo hemos tocado en diferentes ciudades, hemos viajado a todas las comunas de aquí.
¿El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes apoya sólo la edición del disco o también su difusión?
El disco tiene el elemento de producción: el multicopiado, el diseño de carátula, afiches de concierto y además incluye conciertos de lanzamiento. Este proyecto contemplaba tres conciertos, y nosotros hemos dado como nueve. Esta vez hubo más recursos. Yo con los músicos no trabajo si no les pago. Como yo pido que me paguen no puedo decirles a los músicos “vamos a tal lugar pero no hay plata…”
¿Cómo recibió el público este disco nuevo?
Bien, hay mucha gente a la que le ha gustado mucho, me lo piden por correo. Cuando voy (a los conciertos) vendo harto. De hecho en el último había muchos cabros (muchachos) que me lo pedían: “¿a cuanto?” “A luca” (mil pesos chilenos = dos dólares). La idea era que se lo llevaran. A los cabros les gustó pero no tenían lo que valía el disco. Y esta es música original, tiene un valor agregado. Ojo, no le quito valor a otras músicas, pero vale la creación, la originalidad. De hecho mi señora a veces regala algún disco. Yo he regalado alguno de mi primera obra, pero de este último disco no, porque hay mucho trabajo en él.

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