miércoles, 21 de marzo de 2012

Entrevista a Pilo García

Foto de Luis Circa Melgarejo, por gentileza de Pilo García

Pilo García, nacido en 1972, es un gran músico argentino. Docente, compositor e intérprete, miembro de la organización Charangos del Mundo, García se ha presentado con éxito en diversos escenarios de América Latina, ha compuesto música para cine y nos sigue sorprendiendo con sus propuestas artísticas. En 2011 ha grabado canciones para “Otras historias”, una producción aun inédita, y en los próximos días presenta su nuevo CD “El descanso”. En esta entrevista Pilo habla de su historia, de la admiración por varios de sus colegas, de sus proyectos y muchos temas más relacionados con el maravilloso instrumento de origen andino.


Contanos cómo ha sido tu inicio en la música antes de comenzar a interpretar y componer en charango.
Comencé tocando la guitarra a los 10 años, interpretando los primeros tres años música clásica, hasta que un día dije “¡basta de la música clásica!” pero no fue porque no  me gustara sino porque era muy chico y me parecía aburrida. Entonces apareció una guitarra eléctrica en casa y me fui a estudiar con un profesor que era más de la escuela del jazz. Tocaba rock; con el jazz hice intentos pero no me dediqué al jazz. Siempre toqué folklore porque como me aburría con la música clásica yo le decía al profesor que me enseñe canciones.  Entonces me daba canciones de Atahualpa Yupanqui, de Serú Girán, pero mucha zamba y chacarera.  En mi casa se escuchó siempre folklore, y siempre, en el fondo, tuve algo con el charango, desde chico.  En la casa del profesor había un charango: yo lo agarraba, movía las manos pero no sabía tocarlo.  Y después pasaron muchos años, ya era bastante grandecito y apareció un charango en casa: un charango boliviano muy malo. Lo colgué en la pared y siempre “le tuve ganas” hasta que un día me decidí. Pero sí, los comienzos fueron guitarra pasando por clásica, folklore…

Una formación bastante sólida.
Estudié con varios profesores; cuando no iba a sus clases estudiaba por mi cuenta, autodidacta. Mi hermano es músico, también. Un tipo muy estudioso, que sabe mucho, y él me ha enseñado muchas cosas también. No  como clases formales pero me ayudaba a estudiar solo. En períodos más largos o más cortos siempre he estado estudiando. Y componiendo, que en realidad es lo que más he hecho siempre.

Has hecho música para películas.
Sí, para el documental Yaveños, que hizo Ezequiel Putruele en conjunto con el INCAA. Está buenísima no sólo la historia del documental ; la experiencia de haber hecho ese trabajo es alucinante, porque a muchos músicos les pasa: es el “sueño del pibe” hacer música para películas.  Y también hubo mucha música mía que ha sido incluida en  distintos DVDs. Eso está buenísimo.

¿Cómo han sido tus experiencias en las diferentes ediciones del Festival Internacional del Charango?
Eso es alucinante. El charango como instrumento parece endiablado.  Cuando te agarró no lo podés soltar más. Más allá de lo musical—que está bueno—en los Festivales es impresionante el vínculo que se genera con los charanguistas. Yo hice lazos muy fuertes con los charanguistas de Colombia, por ejemplo. Primero, son unos genios, son  tipos muy serios. Se comprobó este año en Cusco, cuando empezó el Festival los charanguistas de cada país hacían un tema tradicional. El primer recital era eso. Y me acuerdo que estaban en el hall del hotel todos los colombianos ensayando con sus partituras, todos serios, y los argentinos estábamos tomando cerveza… Y después tocamos todos… En eso los argentinos somos muy pícaros con la música: nos gusta ir con el vértigo. Los colombianos, muy serios. Ahora así tocan… Hacer esos lazos con Ángel (Tejeda), de México, con Fred (Arredondo), de Perú, que terminó siendo un hermano para mí…todo esto gracias a los Festivales. Y musicalmente lo bueno es que el charango genera una apertura de la cabeza que a mí me gustó siempre, que no se limita, y sobre todo en los Festivales, a la música tradicional. Como que cada uno pone su propuesta: hay muchas propuestas muy abiertas, entre ellas la mía. Los colombianos son muy abiertos, al igual que los chilenos, que le han dado una vuelta muy grande al charango, y en los Festivales se nota que hay un respeto muy grande no sólo por lo más tradicional sino también por nuevos enfoques para el instrumento.  Entonces son experiencias que,  más allá de la cuestión monetaria—que uno invierte allí—yo siento que te hace crecer mucho ir a los Festivales. Por eso queremos estar en todos.

El charanguista mexicano Ángel Tejeda

No sólo por el hecho de tocar, sino también por el intercambio…
Claro. Yo he conocido un ritmo colombiano en particular, el son sureño, gracias a los Festivales, y tocar otras cosas (que son parte de la música andina y el folklore latinoamericano) es como que vas aprendiendo de cada personaje de afuera algo nuevo. Y está bueno converger en este tipo de eventos, está todo bien. Nunca hay un problema, y aunque los haya, en la organización o donde sea, está todo bien. Porque va más allá de tocar el charango por la noche en el escenario. Pensar que son sólo 20 minutos o media hora, como mucho, pero todo lo que pasa alrededor es impresionante.  Y el charango genera ese tipo de cosas., no sé por qué, pero las genera.

Ángel Tejeda toca en charango melodías tradicionales de su país…
Bueno, ese es un punto. Porque históricamente se relaciona el charango con la música andina. Y después, gracias a Jaime Torres, con el folklore norteño argentino… Bueno, insisto con los músicos colombianos: ellos están aplicando el charango a su música tradicional que—aunque sea andina—es muy distinta al resto de la música que nosotros conocemos como tal (huaynos, bailecitos). Y  realmente está bueno que  se empiece a correr el charango   de la mirada nada más de la música andina, que a mí me fascina, de hecho la toco siempre, pero está bueno cuando la metés en otros aspectos o en otro contexto: el charango pasa a ser un instrumento universal. Esto es lo que siento participando del Festival Internacional del Charango: más allá que el charango haya nacido en un contexto, en la zona andina, se vuelve universal.

Esto también implica un desafío…
Es un desafío también a romper mitos. Insisto con el tema del nacimiento del charango: siempre está la lucha entre peruanos y bolivianos. De hecho, gente muy reconocida o muy importante en el mundo del charango dice que este instrumento es peruano. Yo no comparto para nada este concepto, de hecho ni siquiera es peruano: dicen también—cosa que a mí me cierra bastante—que el charango se hizo para burlarse de la guitarrilla que trajo el español. Nació en la zona andina de casualidad o no, no sé, pero es universal. En Europa, gracias a Jorge Milchberg hace 50 años que se conoce el charango y tiene, en cierto punto, mucha más difusión que acá. Hay charanguistas que encaran la obra de Bach o tangos de Piazzolla, o música de fusión con el charango y decís: realmente se puede tocar cualquier cosa. Y eso se ve en los Festivales.
Jorge Milchberg

El tema de las nacionalidades es discutible…
Es un capricho. Si cuando nació el charango no había países. En todo caso era un reino incaico pero no estaba la línea divisoria, es un capricho político nada más. De hecho, cuando uno va a Jujuy no sabés si estás en Jujuy o en Bolivia. Realmente cómo hablan, cómo se visten…Para mí el charango terminó siendo eso mismo. Y está bueno no pensarlo con una nacionalidad.  Por eso existe un tipo como Ángel, que toca tres notas con una música, ya sea  propia o tradicional de Guadalajara, por ejemplo, y cuando la escuchás  seguís escuchando la personalidad del charango, aunque la música que suena no tenga nada que ver con la andina. Aparte, apreciar esto para el que toca está bueno:  te abre la cabeza. Está bueno abrir la cabeza, sobre todo para que no se muera el charango. Estoy convencido de que mientras más se encierre en un círculo—me refiero a la música, aunque puede ser en otros aspectos de la vida—se va autofagocitándose y termina muriendo una música. Si se abre el espectro, no. Se nutre y cada vez crece más. Con el charango para mí pasa eso.

¿Qué músicos te han influenciado?
De los charanguistas, obviamente Jaime Torres, por escucharlo desde que nací, pero mucho Horacio Durán (charanguista del conjunto chileno Inti-Illimani), Ítalo Pedrotti ( un tipo que como es muy moderno y yo tengo todo ese componente ciudadano y qué sé yo , es un tipo que a mí me pegó muy fuerte tocando), Saúl Callejas… Fred Arredondo es un tipo que cuando yo comencé a dedicarme a full al charango yo lo escuché mucho. Llegué de casualidad a él, no lo conocía; gracias a Jaime y a Fred aprendí el lenguaje del instrumento. También me han influenciado músicos de otra índole, que no son charanguistas, pero de quienes aplico mi influencia de toda la vida en el charango: cuando compongo se nota mucho más allá de Jaime Torres lo que tengo en la cabeza: Ralph Towner, que es un guitarrista británico “de la hostia”, Pat Metheny, guitarristas de rock como Jimi Hendrix, qué se yo, tengo de todo adentro. Bueno, (Atahualpa) Yupanqui, ni hablar, este es un círculo bastante influyente en mí.

Actualmente hay una mayor difusión de la música tocada en charango; en una época se conocían pocos músicos locales pero venían muchos discos desde Chile y por ello en los conciertos siempre hay alguna obra de músicos trasandinos.
Lo que pasa es que lo de Chile es muy particular, porque en ese país el charango es urbano, no es campesino. El charango apareció en la ciudad, en Santiago, básicamente. Y los chilenos influenciaron mucho con la música andina, pero le dieron toda esa vuelta a ese componente urbano que para mí fue importantísimo porque es lo que decís vos: el que empieza a tocar charango va a tocar “La partida”, de Víctor Jara, seguro. Seguramente va a tocar un tema de Violeta Parra  o va a tocar un tema de Inti-Illimani, ni hablar, lo primero que uno aprende. Y aca sí, se conocía principalmente a Jaime Torres. Esto lo hablé una vez con Jaime: me decía que cuando él vino a Buenos Aires trayendo el charango, aquí no se conocía el instrumento: le decían “la guitarrita”, “se te encogió la guitarrita”, se le reían. Acá hace 20 años, 30, a lo sumo, que se popularizó el charango. También estaba otro charanguista, Milchberg, pero siempre estaba en Europa. Sí llegaban los discos de Los Incas y de Urubamba. Pero no eran discos de charanguistas. Pero está bueno cómo se empezó a difundir esto. Pero más allá de los precursores, hay una generación  de pibes tocando.

Víctor Jara
Foto: Gentileza Fundación Víctor Jara

Hay un músico joven que es muy bueno, Oscar Miranda.
Oscar es una luz. Aparte de ser una excelente persona,  encontró un estilo que es tradicional pero a su vez tiene algo de él, “tradicional-moderno”, digamos;  le dio una vuelta de rosca a lo tradicional, porque no toca como Jaime Torres.  Oscar esta haciendo con el charango una obra importantísima: está poniendo a un nivel del charango de Argentina afuera del país, lo está haciendo de una manera…menos mal que está laburando así afuera. Para nosotros él es una puerta abierta, y es grossísimo lo que toca.

Hay que dedicarse…
Pero hay algo más: hay que tocarlo con pasión, porque esa dedicación es la pasión que le ponés. Por eso está bueno lo que se genera. Volvemos al principio, a los Festivales: vos lo que notás es que hay un amor por el charango que excede la plata. No te importa si te pagan o no; es más, ni lo preguntás. En Buenos Aires pasó: los organizadores éramos tres personas. Terminó el festival y éramos ciento cincuenta colaborando. En cada festival está pasando lo mismo. Al de Cusco se sumó Karl (Struyf), de Bélgica. Él es hijo de peruanos. Karl es uno de los mejores charanguistas que escuché en mi vida. Es un tipo que vive en Bélgica, tiene otra cosa en la cabeza, más allá de compartir un charango. Es “de otro planeta”, digamos. Comparado con nosotros, somos dos mundos opuestos. Y convergés en una cena en el Festival y es como si hubieses compartido todo  esto durante toda la vida. Y ese lazo después te queda; aparte, ayuda a difundir, porque si yo subo un video a algún sitio y a Karl le gustó se lo pasa a otro charanguista y así se hace una red… Vamos a dominar el mundo (risas).

Y aquí en Argentina, ¿con qué músicos has tocado y compartido grabaciones, más allá del charango?
Con muchos. En el rock toqué con  (Pablo) Guyot  de G.I.T. , el Colorado (Sergio) Graziosi que es “el” percusionista del rock argentino, de hecho esta noche toco con él. Toqué con las chicas de Aymama,con Ale Demogli, con José Saluzzi, Javier Sepúlveda, Marina Luppi, Andrés Pilar, con muchos.  Toqué como soporte de David Bowie, aunque no directamente con él…con mucha gente. Tocaba la guitarra eléctrica. Vos sabés lo bien que me hizo esa época, porque a mí me gusta la actitud rockera en la música, aunque toques lo que sea. No tenerle miedo a tocar. Y yo con el rockero eso lo saco a flote. También toqué con Juan Quintero, con Bruno Arias, son todos rockeros a la hora de tocar: Bruno es un rockero empedernido aunque toque música de proyección folklórica. Pero esa actitud está buena.

Pilo junto a Marina Luppi, Andrés Pilar y otros grandes músicos



Conjuga lo tradicional con lo rupturista, la forma de cantar y de tocar
Sí, yo invité a Bruno a grabar un tema en mi segundo disco. Entonces nos juntamos en casa a ensayar el tema, a armarlo. En el estudio lo mismo, el tipo tiene un talento increíble, va al frente: “Che, Bruno, ¿no te cantás este tema así…?” “¡Sííí!” , “Vamos a presentar el disco” “¡Sííí!”  Con mucha gente me pasó que tiene esa actitud y aparte mucho respeto en lo tradicional pero con la claridad de abrir un poco el… Yo me junté un montón de veces a hablar con Jorge MIlchberg  y es un tipo que al charango—más allá de las discusiones que puedan llegar a haber— y al igual que Jaime son personas que generan discusiones en el buen sentido. Hablás con los dos desde su lugar totalmente opuesto, aunque respetan y tocan a rajatabla lo tradicional, siempre quieren ir  a más.  Mirá los discos raros que hizo Jaime, más allá de los gustos, como Electroplano, o que toque con Divididos. Bueno, Milchberg lo mismo,  desde el lado quizás más académico hizo lo mismo: dijo: “bien, está bueno el huayno, pero qué se le puede poner al huayno…” desde el respeto. Bueno, eso es ir al frente. Fred Arredondo es así: él toca música tradicional de la zona de Cusco pero tiene una cabeza que le decís “vamos a hacer un grupo de heavy metal “ y es el primero en agarrar el charango e ir a tocar heavy metal.

¿Cómo es tu relación laboral / artística con Román Lacrouts?
Lo de Román es todo un tema buenísimo; yo tenía un grupo de música andina llamado Huellas, que en realidad era un dúo con el vientista Pancho Díaz. Hicimos un disco, en el que toca Bruno, y terminamos el disco de música andina, lo editamos y para presentarlo dijimos: “pero hagamos un grupo, está buenísimo esto”. Lo que pasa es que habíamos llamado a los músicos que participaron en la grabación y cuando vimos la onda que se armó dijimos: “hagamos un grupo”. Aunque sólo presentemos este disco. Justo yo lo llamo a Román, porque me llegó por intermedio de una amiga, lo había conocido hace un año, yo no sabía cómo tocaba en realidad Román.  Empezamos a ensayar y funcionaba todo bien. Hicimos ese grupo y en un momento el grupo se terminó separando, lo cual es muy común en Argentina, por varias cuestiones, y yo seguí tocando con Román porque había mucha “pasta”, más allá de lo musical, como persona; terminamos siendo muy amigos. Y la relación musical especialmente es una cosa que cuesta mucho encontrar. Que vos tocás y no hace falta mirar y ya sabés a dónde va el otro, entonces es como que nos complementamos en muchos aspectos y a mí me da mucha solvencia que Román esté acompañándome que me la da poca gente. Porque tiene esa cosa de ir al frente, que no le importa nada. Le digo: “che, Román, hay que hacer este tema.  Pero no lo ensayamos”. “¿Lo hacemos?” “Dale, lo hacemos”. Escribimos así el cifrado, porque ni siquiera lo sabemos de memoria, y lo tocamos en vivo., o sea, me doy el lujo de divertirme. Bueno, siempre hablamos de que nos gusta el vértigo ese que te decía antes porque hay  un complemento como de improvisación que yo lo tengo desde chico eso por haber estudiado jazz. Cuando yo toco con Román tiendo a escucharlo a Román, y él a mí. A veces no te pasa de tener esa piel musical con otras personas. Con él pasó naturalmente entonces, obviamente más allá de que en lo musical me va a funcionar perfecto para mí es un placer decir: “bueno, me dedico a tocar y a disfrutar la interpretación “. No estoy preocupado de si va a entrar o no o si se va a acordar de una parte. Yo sé que si se equivocó, en una milésima de segundo te lo corrigió. No sé cómo hizo pero la levantó. Aunque se note no se te cae la canción. Y si se notó nos morimos de risa y, es más, hacemos alarde del pifie, es algo natural después. Con Román siento que toco con un ser humano, más que con un músico. No sé si somos seres humanos nosotros los músicos (se ríe).

Pilo García y Román Lacrouts

Vos estás preparando un disco nuevo, “Otras historias”
Sí, ese disco lo terminé ya pero no se va a editar en lo que resta del año por una cuestión puramente económica, pero es un disco muy largo, de 20 temas, los cuales supongo que llegarán todos a la etapa de edición. Por ahí enloquecés y sacás temas o ponés nuevos, no sé. “Otras historias” es justamente eso, las ganas de meter el charango en otros enfoques. Quizás me desboqué un poco pero me encanta cómo quedó. Claro, hay mucho componente mío de antes., de los otros aspectos míos más allá del folklore. Entonces logré colocar por lo menos, a mi entender, el charango en un lugar musical que está bueno… También estoy preparando otro disco. (N. de la R.: “El Descanso”, de inminente aparición. “Otras historias” aparecerá más adelante, reformulado)



Portada del CD "El descanso"
Foto: Luis Circa Melgarejo

A la gente que conoce tu obra le generó expectativas ese disco

Sí, de hecho ya hay gente de Suiza, de Francia que siempre me compra los discos, de Bolivia mismo , me obligaron a que les venda el disco aunque sea en versión MP3.  Si lo querés, yo te lo mando . Así que algunas personas que se lo ganaron. Es un disco muy personal, no en lo charanguístico porque yo toco muy como en “Alturas”. Musicalmente es muy personal, muy íntimo en ese sentido.  De hecho, hay un tema de Pat Metheny, hay un samba brasilero…

Hay mucha gente que experimenta. Damián Verdún es uno de ellos: estando en el litoral recibe influencias de distintas partes. La influencia litoraleña es innegable…
Damián tiene esa actitud rockera, como te decía. Siempre hay un miedo: “uh, yo toqué tanto tiempo folklore. ¿qué pasa si…?” Está bueno no tener miedo con la gente misma está todo bien. Si lo hacés con amor los temas te terminan saliendo bárbaros y suelen gustar. Y lo bueno de Damián es su actitud. De hecho está probando efectos en el charango, pedaleras…está buenísimo lo que hace, a mí me encanta. De hecho, congeniamos mucho con Damián. Nos hicimos muy amigotes porque tenemos la cabeza en el mismo lugar él y yo. Bueno, ¿cómo hacemos un paso más con esto?


Damián Verdún


¿Tocaron juntos?
Sí, en el Festival en Cusco. Bueno, Damián grabó en “Otras historias”: grabó desde Rosario una vidala con otro amigote, Silvio Fraga, y allá en Cusco tocamos. Terminamos tocando toda la noche todos. Toqué con Damián, toqué lo mío, pero también me invitó Ramón, que a su vez invitó a Damián, quien por su parte nos invitó a Ramón y a mí, a Ángel…
A Damián yo le mandé un papel: hay un tema, el arreglo es éste. Fijate cómo te suena a vos. Yo supuestamente dije “bien, va a tocar esto”. Me dice: “mirá, metí un poco de mano”. Yo estaba contento. “Qué bueno que le metió mano”. Tremendo. Tocó diez, quince notas, no sé…Menos mal que se lo di para que lo grabe, porque termina de cerrar un tema el tipo con sólo meter cinco notas… Damián es más joven que yo, tiene 30 años, pero es un tipo que aprendió lo que es hacer música con el charango, lo entendió realmente.  Más allá de que musicalmente son realmente grossos, eximios como músicos, son tipos muy creativos. Damián es muy creativo para tocar el charango. Justo antes de irnos a Cusco Goldman estaba estrenando un micro(programa) en Radio Nacional, hizo un recital en el Auditorio y nos invitó a Damián y a mí. Damián dijo “bueno, voy a tocar un temita mío…” Ah,¡ la p…cuando tocó ese tema! ¡Era una obra de Debussy más o menos el “temita” de Damián! Pero con la calidez de lo popular, eso es lo que tiene.  A Damián el río y el sábalo se le notan…es impresionante el “temita”, y es la primera vez que lo tocaba. Lo escuchás y suena tan natural; yo me saco el sombrero ante tipos así. De hecho, estoy siempre arengándolo: yo me hice amigo de él porque le empecé a “romper las b…” a Damián: un día dí en el Myspace con este tipo y era algo tremendo lo que estaba tocando.  Entonces le empecé a escribir, le empecé a hinchar las p… y cada dos o tres día subía algo nuevo. “Está buenísimo”.  Yo se lo decía en serio pero le rompía las b… Bueno, terminé siendo amigo. Cuando hicimos la reunión acá con Jaime (Torres) y Horacio Durán se vino de Rosario a la reunión. Le dije: “¿no querés venir?” “Sí, más vale”, se tomó el micro y se vino a la reunión.  Obviamente una reunión así no te la podés perder. Esos dos monstruos tomando vino en tu casa… y después tocando con Durán… está buenísimo.

Se nota que Durán es un tipo muy abierto, sencillo, que “no se la cree”
Durán es el abuelo que todos queremos tener. Más allá de la edad. Por la actitud es tremendo. No hace falta que te diga la cantidad de años de trayectoria que tiene Durán., con semejante grupo (Inti-Illimani). Fue él el promotor de la reunión.  Y lo tenés ahí con una empanadita y un vino y te pones a hablar de la historia del charango. Porque él quería contar cómo surgió el charango en Chile y que Jaime hable del charango en Argentina. Estás hablando con un tipo que tocó con Víctor Jara, ni más ni menos, y decís “¡la p…, escuchá lo que está diciendo!”  Esa noche se armó lindo porque vinieron también Adriana Lubiz y Luis Pérez, ellos tienen mucha cultura de charango encima. Tienen mucha historia, se generaban charlas muy interesantes. Y la apertura de Durán es alucinante porque es un tipo que tiene toda la historia que se te ocurra y que te hable como si fuese tu abuelo … A él le interesaba contarle a los muchachos lo que pasó con el charango en Chile, simplemente. Y Jaime lo mismo, se vino hasta acá y al otro día se iba a las cinco de la mañana a una gira por el Chaco.  Cuando uno toca, siente esto como un “valor agregado”.

Respecto a la música en charango, ¿hay algún sueño que no hayas cumplido aun?
Sacando lo más común que sería: “yo quiero tocar como soporte de Inti-Illimani”, en realidad es un sueño muy a futuro, porque para mí es muy importante tocar el charango,  pero al mismo nivel, componer música para charango. Y quizás un sueño sea que sirva a alguien lo que estoy tocando, lo que estoy componiendo. Yo ahora estoy haciendo una serie de temas dedicados a los distintos charanguistas del círculo más cercano a mí, porque son temas en base no a lo que tocan ellos sino como son ellos como persona. Yo los conozco y sé donde les “pega”. Eso busco yo. Por ahí el sueño es que realmente sirva de algo que yo me pase acá ocho horas componiendo un tema, escribiéndolo, estudiándolo. A mí me realiza absolutamente, es el sueño que toquen mi música. Que contribuya al cancionero del charango, digamos. Ese sueño es superior a ganar plata, todo eso.  La plata la ganás dando clases, tocando. Pero el sueño es ese: estoy poniendo mi granito de arena en la música para el charango.
Pilo García
Foto: Luis Circa Melgarejo

Lo que pasó en Cusco fue mágico—bueno, el lugar también ayuda—ese Festival fue muy especial. Pasó algo muy raro: una onda demasiado buena; entonces, me parece que es el sueño de que esos temas o los próximos que haga… Me pasó mucho con Texturas: este tema no sé por qué pero es como el hit mío. Tengo que tocar ese tema porque sé que con él voy a ganar. Están los chicos (del grupo colombiano) Apalau que es un grupo referente en Pasto. Cuando regresaba de Colombia me escribe Luisito, el charanguista, y me dice: “vamos a hacer una versión de Texturas para el disco nuevo.” Y a mí eso ya me cerró todo.  Son amigos, claro, pero para mí son referentes musicales absolutos. De hecho estuvieron compartiendo escenario en Colombia con Inti-Illimani. Una movida importantísima. Y que te digan que van a poner en el disco nuevo una versión de tu tema es como tocar el cielo con las manos.  Si Jaime Torres me hace un tema, ya está…no me ven más (risas). Pero ya que gente así lo quiera tocar ya cumple mi sueño. Pero ya que gente así lo quiera tocar ya cumple mi sueño. Vamos a ver si se puede…


Todo se puede…
Sí, el tema es no cerrarse, todos estos tipos grossos de quienes hablamos tienen la particularidad de que no se encierran en una cosa y se pasan la vida sólo con eso. Si bien Jaime conservó una línea, siempre estuvo haciendo algo novedoso. Constantemente. Hay un tema que se llama Nacimiento  del charango, con Ariel Ramírez, es una “locura”. Ese tema, no sé, debe ser de principios de los ’70. Es muy “raro” para la época eso. Andá treinta o cuarenta años atrás…te das cuenta de las cosas que hizo. Bueno, viene de Mauro Núñez, obviamente fue Mauro  el primero que les quemó a todos la cabeza con el charango, porque tocaba intervalos de segunda menor que son totalmente disonantes y en un tema totalmente tradicional. Esos tipos tenían la pauta de que si no te cerrás y no te repetís constantemente está bueno. Y también para la gente. Si yo vivo es en gran parte porque la gente compra mis discos, me va a ver… Está bueno estar siempre laburando.

El público siempre espera algo nuevo
Sí, porque sino repetís una fórmula  que sabés que te funcionó una vez. (Oscar) Miranda no hace eso. Miranda se va solito a Europa y toca un mes, eso solito, sin guitarrista, nada. Hay que bancársela esa.



Oscar Miranda


Tiene una particularidad difícil de definir
Bueno, para mí Jaime es así, Jaime te puede gustar o no, pero toca dos notas y ya está, se acabó el mundo. Porque las toca de una manera…me parece que esa es la calidad del artista, no cuántas notas toca. Porque también hay una tendencia del músico a estudiar mucho, a ver cuántas notas tocamos. Y no lo digo por nadie en particular, sino porque es una tendencia del ser humano: a ver a quién le sale mejor esto; ah, ese toca diez, entonces voy a  tratar de tocar veinte.


¿Alguna vez tocaste con un charango modificado (con más o menos cuerdas, por ejemplo)?
Bueno, sí, estoy tocando un charango de quince cuerdas, que es un charango peruano, de la zona de Arequipa. Es un regalo de Fred (Arredondo), un charango con el que se tocaba la música pampeña, en la zona de Arequipa y Cusco. Estaba desapareciendo y Fred lo está rescatando. Y es rarísimo: tiene cinco cuerdas triples. Tiene algunos cambios en las alturas, a diferencia del charango. Y también estoy probando con otra afinación en el charango. Muchos de los temas que les estoy dedicando a los muchachos (colegas ) están tocados en afinaciones diferentes. Lo bueno es que se generan otras sonoridades. Quique Sinesi es guitarrista pero también toca el charango. Su afinación del charango es inentendible, pero la música es alucinante. Está bueno porque te dispara otras ideas, respecto al sonido típico. El Poli se estaba haciendo un ronroco con más cuerdas graves para tener una tesitura más grande. A mí con diez cuerdas me alcanza, no sé si puedo tocar con diez, imaginate con cuatro cuerdas más. (Risas) Claro, porque también está el hatun charango, esas cosas que hay que investigarlas porque están buenas.





Un agradecimiento especial a Pilo García, Fabiana Schonfeld y a Luis Circa Melgarejo, autor de algunas de las fotografías que ilustran esta nota.


 Más información:
http://pilogarcia.wordpress.com/


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